jueves, 16 de febrero de 2017

Después de la ruptura



Hace unas semanas publiqué un artículo en este blog sobre ese momento en que, como un mazazo, te enteras de que tu ex ha comenzado una relación con otra persona y la avalancha de emociones a la que tienes que plantar cara.
Incluso en el caso de que fueses tú quien tomara la decisión de romper, el descubrimiento puede genera una mezcla de tristeza, dolor y rabia. Sin querer alargar mucho lo ya publicado, aquí dejo unas cuantas claves para recomponerte después de la ruptura amorosa, mirar hacia adelante y construir el futuro:
 

➤ Sólo tienes el aquí y ahora. Disfruta del presente.
➤ No metas tu autoestima en un ascensor cuyos botones maneja tu ex. Es él quien no sabía valorarte como te mereces.
➤ No te compares con nadie, y mucho menos con ella.
➤ Descúbrete: averigua cuáles han sido tus auténticos deseos. Puede hayas dejado aparcadas tus ilusiones para asumir las de tu ex pareja como propias.
➤ No vuelvas a renunciar a tu individualidad. Conserva tu espacio, a pesar de tropezar con el hombre esperado. Ni se te ocurra iniciar una relación para no estar sola.
➤ Recuerda cuando te enamores de nuevo, que el amor no sólo es entrega, sino que también se trata de recibir.
➤ No permitas que una mala experiencia te predisponga contra el amor.


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domingo, 12 de febrero de 2017

A por un San Valentín erótico


Con motivo de la celebración del día de San Valentín, rescato este artículo que recoge algunas sugerencias para renovar la pasión. Fue publicado en la revista Woman.

Bombones, corazones, ramos de rosas… San Valentín vuelve a la carga con sus toneladas de almíbar. Unas notas de romanticismo una vez al año no vienen mal, especialmente si cae un diamante, pero no sólo de amor edulcorado vivimos las mujeres, ni tampoco nuestras relaciones. Lo que más nos apena y nos asusta es el momento en que notamos que la chispa erótica comienza a desaparecer. Por eso te proponemos unas cuantas ideas subidas de tono para avivar la llama o mantener la atracción física que os ha unido hasta la fecha. Y que conste: hay muchos momentos a lo largo del año para sorprender al otro con una de estas libidinosas recetas.

Inocentes trasgresiones
Sorprende a tu chico en la cena con un vestido o falda, medias —nunca pantys— y  olvida ponerte tu prenda más íntima: las braguitas. Mantén el secreto hasta el segundo plato y, como quien no quiere la cosa, toma la mano de él hasta tu muslo, invitándole a continuar el recorrido, o desliza tu pie en su pantalón. Disfrutarás tanto del morbo como de su cara de asombro. Es probable que se olvide de los postres, que te pida que le acompañes al lavabo o que en el coche su mano no se dirija sólo al cambio de marchas. En caso de cena hogareña, ten por seguro que la cocina se queda sin recoger. Si te pone su urgencia, alarga la situación tanto como tu propia libido te permita. No temas, él disfrutará del “regalo” sin cuestionarte nada, la sorpresa y el riesgo son grandes aliados del deseo.

Un poco de teatro
Si vais a disfrutar de una celebración íntima y privada, los juegos de rol con los que muchas fantaseamos, dan espléndidos y divertidos resultados. Puedes ser la concubina de tu sultán, la lolita con el profesor, la paciente con el médico, una alta ejecutiva con el subalterno o la dueña de tu esclavo. Depende de los gustos, las preferencias y las apetencias del día. Los adultos nos hemos olvidado de la importancia de los juegos y en este intervienen todos los ingredientes para que resulte divertido, meterse en la piel de unos personajes y actuar según exige el guión saca a flote múltiples facetas de ti misma y del otro.  Una regla infranqueable: que gocéis ambos.



Jugar en el agua
Las mujeres deseamos hombres limpios. La nariz femenina es dos mil veces más sensible que la masculina, y los estímulos olfativos despiertan el deseo de comernos entero un cuerpo apetitoso. Diversos estudios de bioquímica y psicología ponen en evidencia la estrecha relación que existe entre el olor corporal y nuestra sexualidad: las famosas feromonas.
Si disfrutas con los preliminares, comparte con él un baño de esencias espumosas, crea un clima cálido con unas velas, música de fondo, y un refresco o copa de vino. Despertarás todos los sentidos: olfato, oído, gusto, vista y tacto.
También la ducha descarga las tensiones del día y en ella puedes alargar los juegos cuanto desees. Dirige el chorro de agua hacia vuestros genitales, y cambia la presión y temperatura para conseguir nuevos estímulos. En la penetración es preferible pisar tierra firme. El acto en sí no resulta demasiado excitante, porque el agua empapa tu vagina y te deja sin lubricación. Además, hay riesgo de infecciones e irritaciones. Por no hablar de lo difícil que es usar un preservativo en el medio acuático.
Una habitación con jacuzzi es un marco ideal para dar rienda suelta al erotismo. Si la economía os lo permite, en un hotel cambiaréis de escenario y disfrutaréis con el cosquilleo de los chorros de agua en vuestras zonas erógenas.

Dos desconocidos
Una variante de los juegos de rol que nunca falla: planead un encuentro en un bar o cafetería como si fuerais dos desconocidos. Él o tú desplegará todas sus armas de seducción para ligarse al otro. Esta situación debe mantenerse hasta el final y culminar vuestra pasión en un hotel o pensión, porque “no tenéis casa”.  Los más transgresores juegan a seducir a desconocidos hasta que aparece la pareja real, que contempla toda la escena a una prudente distancia, y ahí se termina la supuesta infidelidad. Hay quien lleva la ficción casi hasta el final en locales liberales. Estas opciones, más arriesgadas, dependen de la osadía de los participantes y, lo más importante, del pacto que la pareja establece cuando planea la acción y que, bajo ningún concepto, debe romperse.

Un cambio de escenario siempre ayuda a romper con la rutina


Graba tus instrucciones
Deja en el buzón de tu chico —si no vivís juntos—, en el cajón de su ropa interior o en su maletín de trabajo dos sobres que contengan dos cintas de audio, de video o dos escritos en papel. En el número uno se encuentran la dirección a donde él debe dirigirse, el día y la hora (el misterio y el suspense son fundamentales en este juego) y una llave —si se va a desarrollar en un hotel, el número de habitación por el que deberá peguntar en recepción—. La otra cinta o papel contiene las instrucciones de su comportamiento una vez juntos: cómo desnudarte, acariciarte, lamerte... y aquellas fantasías que quieras compartir con él. Si tu novio es paciente no abrirá el segundo sobre hasta que llegue al lugar de destino (así lo has especificado tú en el primero), pero lo más probable es que no haya podido resistirse y ya vaya al encuentro con toda la carga erótica de lo que se va a encontrar. Será una sesión explosiva, de las que no olvidaréis.

Anticipos eróticos
No hay mejor incentivo sensual que anticipar lo que puede pasar y recrear la escena mentalmente. Si te gusta escribir, relata una de las fantasías sexuales que te gustaría realizar con tu pareja y envíasela por e-mail, carta o nota antes del encuentro. Cuanto más detalladas sean tus explicaciones, más morbo generarás en tu chico y la expectativa será suficiente para encender la pasión. Lo mismo vale para establecer una línea caliente telefónica, muy privada, que puede originarse en el lugar de trabajo o en el buzón de voz. Prueba también con decírselo al oído en un local público.

Velada de cine porno
Si alguna vez has pensado en ver con él una peli porno y aún no ha habido ocasión, San Valentín te proporciona la coartada perfecta. Si no quieres sorpresas, porque el porno gonzo o ciertas temáticas no te excitan, apuesta sobre seguro con dos cintas dirigidas por una ex actriz porno española,  Bibian Norai. Sus dos filmes, Mis ocultas fantasías y Mis perversiones, los distribuye en España Elephant Channel. Y ya puesta en plan sociológico descubre si el porno hecho por mujeres conecta con tus apetencias más íntimas con la película de Sandra Uve, 616 DF. El diablo español versus las luchadoras del Este (International Film Group), o con las películas de Erika Lust.



Conviértete en pornostar casera
Sandra, de 25 años, casada desde hace uno, relata su experiencia con la cámara de video: «De vez en cuando nos grabamos en vídeo durante el acto, es excitante porque da la sensación de que hay alguien mirándote, después vemos la cinta y la comentamos, creo que todo es poco para mejorar la comunicación sexual con tu pareja». Dos pequeñas objeciones que quizás no vayan contigo: no apto para esclavas de la imagen, en lugar de disfrutar del espectáculo sólo estaréis pendientes de los michelines y la celulitis, y si crees que algún día puedes ser famosa, o princesa. Si la grabación se cotizara en el mercadeo de vidas privadas ¿pondrías la mano en el fuego por la honestidad de tu actual amante? Ya sabes, «poderoso caballero es don dinero».

Estriptís
El socorrido número del desnudo sigue funcionando. Puedes hacer que parezca improvisado o vestirte para la ocasión. La ropa con flecos largos y finos, con buena caída, permite que tus movimientos sean más glamurosos, aunque el baile no sea tu fuerte. Crea una atmósfera de luz tenue, elige “tu canción” (el tema de Joe Cocker You can leave your hat on, con el que Kim Basinger encandiló a medio mundo en Nueve semanas y media es ya un clásico. Sólo escucharla una ya se desprende de la ropa) y “acción”. Una alternativa es grabarlo en video y disfrutar juntos del pase, así estás más suelta sin su presencia y puedes repetir las tomas.
 «Yo solo lo he hecho una vez», cuenta una veinteañera, «y me fue muy útil utilizar una linterna con la que enfocar lo que me interesaba. Pasé una mano por mi rostro, bajando hacia el cuello, y toqué mis senos con ambas manos, por los lados, juntándolas después para alcanzar mi cintura, caderas y piernas, y luego continuaba acariciándome en sentido contrario, hacia arriba. Al final, no me quité la ropa interior, dejé que lo hiciera él».



Hay un sinfín de ideas y alternativas: usar lencería sexy (desde inocentes ligas de puntillas blancas hasta trajes de vinilo estratégicamente agujereados), una cena afrodisíaca (más efectiva si uno de vosotros es el “plato” sobre el que se coloca la comida y el otro procede a degustar), un polvo sobre la lavadora en marcha (genial con el programa  de centrifugado), masajes sensuales que desembocan en pura lasciviay que pueden llevarte al orgasmo (no necesariamente en la cama), puesta en escena en la onda sadomasoquista, si te va el tema y en el grado que te apetezca (esposada y esposarle al cabecero de la cama, ojos vendados, cera caliente sobre el cuerpo, un látigo o una fusta...), hacerlo en sitios públicos (el riesgo del lugar y hasta dónde queráis llegar ya lo pactaréis)...
En definitiva, innovar y poner en marcha la imaginación para no caer en la rutina sexual que destruye tantísimas relaciones. Los juegos y las situaciones morbosas permiten gozar de la sexualidad y convertirla en algo lúdico. Y si el sentido del humor es fundamental en la vida, en el sexo es ineludible. Porque no nos engañemos, ni tú eres Kim Basinger, ni él Brad Pitt, ni tenéis un master de Educación Física que os permite adoptar esas posturas imposibles, y ni falta que os hace. Quitarle trascendencia a la sexualidad y a los errores, propios y ajenos, evita traumas, preocupaciones y proporciona un motivo de risas para recordarlo toda la vida. ¡Que lo disfrutéis!


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lunes, 23 de enero de 2017

Tu ex ya tiene novia



Aquí dejo otro artículo que escribí para la revista Mujer 21, después de publicar el libro La aventura de ser una single.



El mundo está lleno de mujeres que no se entienden a sí mismas, mujeres que deciden cortar con su novio, tras una larga, tormentosa y dolorosa relación, cansadas de entregar para no recibir nada a cambio, hartas de intentar comunicarse con quien no sabe o no quiere escuchar, dispuestas a sentirse libres. Y cuando tienen, por fin, la valentía de romper, se ponen atacadas al descubrir que él ya tiene pareja, cuando apenas han pasado un par de semanas desde aquel «lo siento, cariño, lo nuestro no funciona». Él: ese hombre que les perteneció en exclusiva y que ahora ¡sale con otra!
Irene, sin ir más lejos, que trabaja en el punto de información de unos grandes almacenes, tenía el ego en la planta más alta del edificio al escuchar las tiradas de tejos de sus compañeros, los dependientes, que no han perdido ocasión para intentar hincarle el diente desde que saben que ha regresado al club de las solteras. Pero se vino abajo en cuanto una de sus amigas, con la mejor de las intenciones —¿o todo lo contrario?— le puso al tanto del nuevo romance de su ex. «Aún no habían pasado ni dos semanas desde que cortamos y ya tenía un lío. Yo me angustiaba con la idea de que no podría enamorarme otra vez, y creía que a él le pasaría lo mismo, que tardaría siglos en olvidarse de mí. Pero, al parecer, no me quería tanto como yo pensaba».
«Supongo que me perdió la vanidad», explica Cristina, dependienta en la sección de lencería. «Le imaginaba desesperado, llamándome a todas horas, escondido tras las esquinas para espiar mis pasos, suplicándome que le diera una segunda oportunidad. Me hubiera negado a volver con él, no me arrepiento de la ruptura, pero me pilló por sorpresa su silencio, su indiferencia. ¡Y no te imaginas qué enferma me puse cuando una de mis vecinas me dijo que lo había visto en el coche con una chica! Vomité y caí en cama con fiebre. Parezco el perro del hortelano, ni como ni dejo comer». Tras una separación suele pasar que cuanto peor está el ex, mejor se encuentra una.
Oscar Wilde, un genio con algo de mala baba, escribió: «Cuando una mujer se casa otra vez es porque detestaba a su primer marido. Cuando un hombre se casa otra vez es porque adoraba a su primera mujer. Las mujeres prueban su suerte. Los hombres arriesgan la suya». Pero no son palabras que alivien el malestar de las que se sienten como Irene y Cristina, llenas de rabia, celos, decepción, rencor, envidia… ¡Con lo que cuesta recuperar la seguridad en una misma!

Fantasmas

Raro es encontrar a una persona que haya estado enamorada alguna vez y que no haya sentido la presencia del fantasma del pasado, la sombra de un amor que deja huella, el sentimiento del fracaso sentimental. Un fantasma burlón y traicionero que nos espía para atacar cuando más a gusto te encuentras. ¿Podemos darle caza y meterlo en su profunda tumba sin temor a que siga incordiándonos? Por supuesto, ¡no desesperes! Pero tienes que poner de tu parte y comenzar por desenmascararle.
En primer lugar, has de tener presente que nada mantiene más vivo a los fantasmas que su recuerdo: ¿por qué diablos no le has devuelto aún sus cómics, el saco de dormir con el que os fuisteis de camping ni el CD de la Mala Rodríguez? Todo eso son fetiches, testimonios del pasado de los que debes librarte de inmediato. La operación es difícil, lo sé, especialmente cuando tienes que enfrentarte a las fotos. Pero cuanto antes lo hagas, mejor. La vida son cuatro días, y no te vas a pasar dos alimentándote de recuerdos. Mételo todo en una caja y envíasela. Pero ¡cuidado! No te vayas a dejar arrastrar por la rabia: ni se te ocurra devolverle sus cosas hechas añicos, aunque así haya quedado tu corazoncito por culpa de ese desastroso de quien tanto te lamentabas con toda la parentela.
Y ya que nombramos a los parientes, ¡qué poco ayudan los que te rodean!: «No te preocupes, nena, ya verás qué pronto encuentras a otro». Como si fueras una mujer con tara o incompleta desde que se te ocurrió dejar al novio. Vale, los hombres escasean, pero ¿por qué les cuesta tanto comprender que prefieres estar sola a mal acompañada?
La familia, como las amistades demasiado entrometidas, puede suponer un serio obstáculo en el lento proceso del olvido, especialmente cuando es mamá quien no concibe la idea de que hayas abandonado a tu pareja.
Mamá no ha conocido otro novio que tu padre, y se empeña en convencerte de que no hay amor más grande que el primero. O puede que tu madre sea de esas mujeres maduras y modernas que gozan de más popularidad ante los hombres que su inexperta hija. ¡Eso sí que duele!
Pero no te engañes. Eres tú quien considera la ruptura como un fracaso en su vida. Tomar decisiones, incluyendo la de separarse, es un síntoma de voluntad y madurez. ¿O no te quejabas de que él nunca decidía nada? Con el paso del tiempo descubrirás que valió la pena.

Amigos
 
Protégete de las falsas amistades

Imprudentes, indiscretos, cotillas o con mala uva. La verdad es que poca amistad auténtica se puede encontrar en quien hace uso del “ex” para molestarte, aunque se acerquen con actitud consejera y preocupada por tu bienestar: «No hay derecho chica, tú no te mereces quedarte sola. No sé cómo se lo montan los tíos, para tener tanta suerte. Porque, vamos, yo no me explico cómo lo ha hecho tu ex para salir con esa rubia de metro ochenta».
Y no faltan las amigas que se arman de paciencia en espera de que sueltes al novio para aprovechar la ocasión y atraparlo. «Había pasado un año desde la ruptura cuando Nieves me llamó», cuenta Vicky. «Me dijo que Javier y ella se habían enamorado y habían comenzado una relación, que prefería que lo supiera por ella antes de que me enterase por otra persona. Mi supuesta amiga había sido mi confidente, me había desahogado con ella, y mientras me escuchaba y consolaba, se ligaba a mi ex. Fue un palo, porque en ese momento yo me sentía muy recuperada y me hundí de nuevo. Recordaba instantes que habíamos vivido los tres juntos y tuve la impresión de que siempre coqueteó con él. Me sentí muy traicionada».
Las falsas amigas como Nieves son ideales para dejarnos el ego herido. Lo malo es que confundas amor auténtico por esa persona que fue tu pareja con el amor propio. Identifica tus sentimientos: ¿De verdad continúas enamorada de él? ¿No se tratará más bien de una obsesión? El amor es tan, tan posesivo.

Las costumbres

Pero a menudo, sin necesidad de que familiares, amigos o conocidos te martiricen, todo tu entorno te trae su recuerdo: la colonia del chico que se sienta a tu lado en el autobús, la canción que suena en el salón de belleza mientras esperas turno para depilarte, los rostros de los que se cruzan en tu camino, y su nombre, que te persigue por todas partes. Son miles de pequeñas cosas que te hacen pensar en él.
Cuando se rompe con el novio, todo lo cotidiano se vuelve en contra. Una se ata a las costumbres, como frecuentar siempre los mismos locales nocturnos, esos a los que ibas con tu ex. ¿A dónde irás ahora para no toparte con él y su nueva novia? No queda más remedio que descubrir nuevos mundos. «Unos tíos de mi ex tienen un hotel en Ibiza, y todos los veranos nos íbamos a pasar allí una semana», explica Irene. «Me da mucha rabia no volver a la isla. Me gustaba. Pero si voy, seguro que me lo encuentro, y con ella». Es dolorosa, también, la pérdida de los territorios comunes.
Un buen método para librarte de ritos y costumbres que evocan el pasado sentimental consiste en la búsqueda de nuevas experiencias: visitar lugares diferentes, practicar nuevas aficiones, cuidar tu formación (¡cuántas mujeres dejan que se empobrezca su currículo profesional cuando se echan novio!)… A no ser que seas muy valiente y prefieras empacharte, es decir, seguir haciendo lo mismo que hacías con él, y acudir allá donde puedas encontrarle continuamente con su nueva compañía. Algunas personas han conseguido alcanzar la total y absoluta indiferencia por esta vía.
Si te dejas llevar por la nostalgia de los momentos felices que vivisteis juntos, te perderás los que quedan por llegar.




Hay otros hombres

Sin embargo, lo que más puede atormentar son las terribles comparaciones y caer en la trampa de juzgar a todos por igual. «Llevo fatal los finde», confiesa Cristina. «Intento pasármelo bien, pero en cuanto se me acerca un tío me echo a temblar. Enseguida me acuerdo de mi ex. ¿Y si vuelvo a colgarme de otro que me dé penita? Porque el instinto maternal me pierde, que me conozco. Fue lo que me pasó con mi ex. Parecía su madre, en lugar de la novia».
Es muy probable que tu ex busque en su nueva pareja a una persona que cure sus heridas, alguien que le consuele. La nueva relación tendría éxito si la separación le ayudara a madurar, de lo contrario, si vuelca en ella el pasado, sufrirá de nuevo y causará mucho daño a esa chica.
No intentes ligar para que él se entere de que tú también puedes rehacer tu vida. Reconoce que los otros hombres no merecen pagar por lo que él hizo o dejó de hacer. ¿Sabes cuándo sabrás que lo has superado? Cuando la idea de la venganza te produzca pereza, entonces habrás enviado a tu fantasma al lugar que le corresponde: al pasado inamovible.

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domingo, 11 de diciembre de 2016

Navidades, ¿bien o en familia?



Con motivo de las reuniones familiares que tenemos ya a la vuelta de la esquina, traigo al blog este artículo que escribí para el Magazine, el suplemento dominical del diario La Vanguardia. ¡Y feliz Navidad!

La pregunta es un chiste popular que entiende, incluso, el que se lleva de perlas con la familia propia y la política. El refranero español está repleto de sugerencias y consejos para mantener las distancias. Pero las tradiciones pesan demasiado, y pocas parejas se atreven a escapar de las reuniones familiares y celebrar la Navidad bajo el sol del Caribe.
Fernando observa el panel de llegadas con una fuerte presión en el plexo solar. Espera el vuelo en el que vienen sus padres para pasar las fiestas navideñas con él y su hermana. Este año las disputas con su mujer comenzaron un mes antes, tras una llamada telefónica de la madre para plantear en qué casa tendría que celebrarse cada reunión. «Ya está tu mamá mangoneando. ¿Tanto le cuesta quedarse en su papel de invitada?» Durante una semana Carmen y Fernando apenas se dirigieron la palabra. Está harto de discutir todas las Navidades por lo mismo, de que su mujer no acepte que su madre es así y que nada puede hacer por cambiarla, de que se lo tome todo tan en serio. También reconoce que su madre jamás estará satisfecha, se tome la decisión que se tome. Además, ¿por qué tiene que gastarse un dineral en marisco, si a él lo que le gustan son los callos y los pinchos morunos? ¿O comérselo absolutamente todo para que ni su suegra, ni su madre, ni su cuñada ni su mujer se ofendan? El próximo año aceptará la propuesta de su compañero de trabajo: alquilar juntos una casa en la Bretaña francesa. Quizás sea la mejor opción antes de poner a prueba, una vez más, la relación de pareja.

Aunque se presenten como épocas para pasarlo bien y disfrutar, las celebraciones suponen quebraderos de cabeza cuando hay que distribuir el tiempo entre la familia propia y la política, y cuando las relaciones no son buenas, se viven como algo impuesto y sólo vemos su parte negativa. En algunas parejas, cada miembro hace su propia valoración y considera que sale beneficiada la familia del otro.

La gran rival

No es necesario que llegue Navidad para que estalle un conflicto con los parientes. Varios estudios documentan las relaciones de tensión, desconfianza, rivalidad y enemistad que pueden establecerse entre un cónyuge y su familia política. Aunque la más dramática a lo largo de la historia, en todas las culturas y clases sociales suele ser la de suegra-nuera. Existe en estos casos una competencia de género, una lucha por demostrar quién es mejor mujer y está mejor capacitada para atender a la figura masculina, pareja de una e hijo de la otra, a quien posiblemente no vean como un adulto maduro, capaz de hacerse cargo de sus propios problemas.
Los efectos que esta guerra desencadena comienzan con manifestaciones psicosomáticas (ansiedad, depresión, estrés, fobias...) y pueden acabar en ruptura. En Italia, la tierra de la mamma, los jueces consideran que las intromisiones de una suegra son causa justificada de divorcio (tres de cada diez matrimonios fracasan por el excesivo apego del hombre italiano con su madre), y el Tribunal de la Rota Romana ya ha sentenciado que la excesiva dependencia de un cónyuge con su progenitora puede ser motivo para conceder la nulidad del vínculo matrimonial.
Cabe deducir que los encuentros familiares con turrones, mazapanes y exceso de alcohol tienen algo que ver en el incremento de divorcios que se producen en enero y febrero. Aunque, cuando hay hijos de por medio, difícilmente se cortan los lazos del todo, los parientes seguirán siendo abuelos, tíos o primos de los niños, y ambas partes tendrán derecho a reencontrarse en las próximas celebraciones para mostrarse el afecto. Los pequeños no deben convertirse en víctimas de las rencillas entre los mayores, y agradecen que sus padres sean generosos al planificar el reparto entre el hogar de uno y el otro.

Intromisiones

Alcanzar la madurez supone aflojar los lazos que nos unen a nuestros padres para convertirnos en seres realmente autónomos. Éstos no deben ser demasiado flojos durante la infancia, ni romperse antes de tiempo, porque se traduciría en inseguridades y problemas personales. El comienzo de un noviazgo podría ser un momento propicio para reflexionar acerca de los cambios que requieren el modelo de relación que mantenemos con padres y hermanos, el lugar que ocupará cada uno y, también, el periodo adecuado para hablar con la pareja ante las primeras señales de intromisión.
Lo recomendable es explicar cuáles son nuestras expectativas acerca de las relaciones que vamos a entablar con la familia política, sin retrasarlo en espera de que todo se arregle por sí solo. De lo contrario, los encuentros obligados, como los navideños o las visitas de vacaciones, serán fechas que preferiremos borrar del calendario.
Las primeras celebraciones en casa de una pareja que empieza a convivir pueden ser todo un descubrimiento para progenitores que defienden un reparto tradicional de roles. ¿Y si los padres de él no soportan que su hijo recoja la mesa y friegue los platos? Ante sus protestas, la joven puede quedar perpleja y él terriblemente avergonzado porque su familia le considera un sumiso. Para seguir adelante, necesitarán escucharse el uno al otro e intentar comprender el porqué de las diferencias entre sus posturas y la concepción que tiene cada uno de la vida en familia. El siguiente paso consistirá en solucionar tales diferencias y negociar qué tipo de familia desean crear ellos.
Cada miembro de la pareja tendrá que marcar los límites a su pariente y darle a entender que, mientras están en su casa, las cosas se harán a su manera, de lo contrario, la persona entrometida continuará inflexible en su posición y exigirá lealtad a los vínculos sanguíneos. En este tipo de situaciones es imposible adoptar una postura de neutralidad. Si no se enfada el familiar, lo hará el cónyuge.
Posiblemente haya que hablarle como se hace con los niños. Tendemos a creer que nuestras razones son demasiado obvias para que no las comprenda un adulto, pero lo habitual es que cada uno esté convencido de que su manera de funcionar es la lógica. De todos modos, cada consorte ha de arreglar los desacuerdos con su familia a su modo. No se deben comparar las maneras de relacionarse de la familia propia con la de la pareja, sino respetar las diferentes costumbres, educación y estilo de vida de los parientes políticos, mientras no pretendan interferir en su espacio ni incurran en el maltrato.
Tampoco hay que hacer más gastos de los que la pareja se puede permitir en un intento de complacer a todo el mundo. Cuando la animadversión existe, se haga lo que se haga, se recibirán críticas y la magia de la Navidad no va a solucionar los desencuentros por sí sola.

¿Amor o control?
Las madres, especialmente, suelen utilizar diferentes ardides para entrometerse y gobernar la vida de la pareja, desde el chantaje emocional hasta ofrecerse para ayudar en las tareas domésticas. Estadísticamente está demostrado que los padres que trabajan procuran dejar los niños al cuidado de la abuela materna. Pero si esto acaba siendo un problema, hay que valorar si no es preferible que se encargue otra persona, a pesar del gasto.
No obstante, el conflicto madre-hijo parece tener más difícil resolución que el de madre-hija, sobre todo si él no ha crecido emocionalmente ni sabe defender su posición. Las jóvenes suelen tener más seguridad en sí mismas para parar los pies a su progenitora, aunque esta se ofenda, y posiblemente consigan llegar a una reconciliación.
En muchos casos, el intento de dominar proviene de un miedo incontrolable de los adultos inmaduros a perder al hijo o a la hija, a enfrentarse al nido vacío y de una falta de independencia emocional.
¿Qué sucede en Navidad? Las mujeres son, tradicionalmente, las transmisoras de las pautas culturales y de los modelos de relaciones familiares, y cada una está convencida de que su modelo es el mejor, el “normal”. La tolerancia con las costumbres diferentes a las nuestras cuando estamos en calidad de invitado nos permite aprender alternativas originales que podemos incorporar a nuestros hábitos. Por supuesto que se puede hacer alguna propuesta, siempre que se deje claro que sólo es una sugerencia. Y en el caso de que nuestras ideas no gusten, no hay que tomárselo como una descalificación personal. Los lazos serán más fuertes cuando cada persona sepa que cuenta con el apoyo de la familia en las decisiones que tome, las más importantes y las cotidianas, y que también valora sus esfuerzos por crear un clima agradable.
Estos son momentos para olvidar las rencillas con uno de los familiares, lo que evitará generar tensiones y situaciones agobiantes para todos los demás.

Abuelas esclavas

Frente a las madres hiperposesivas, muchas otras están deseando cortar el cordón umbilical de una vez por todas. Son las que sufren el síndrome de la abuela esclava, que carecen de fuerzas para continuar al cuidado de nietos y familiares enfermos a su cargo y que, al llegar las fiestas, se sobrecargan de trabajo.
«Mis hijos no entienden que me he hecho mayor. Esperan que continúe cocinando para todos, y cada vez son más de familia. Se han acostumbrado a disponer de mi casa y yo no doy abasto». Es la queja de Margarita, cuyos valores aprendidos de generaciones anteriores le impiden decir «no» ante el abuso. Inconsciente, pero abuso al fin y al cabo. De hecho, está reconocido por la Organización Mundial de la Salud como otro tipo de maltrato hacia la mujer. Pero enseguida, Margarita excusa a su familia: «Yo lo comprendo, se pasan el día trabajando y no tienen tiempo para preparar la comida, ni para comprarla. Además, necesitan descansar y disfrutar de los niños».
Son los hijos quienes deberían percibir las señales de agotamiento, liberarla de cargas, ayudarle a reconocer sus límites con cariño, sin que se sienta inútil, animarle a disfrutar de su tiempo de ocio con amistades del barrio, participando en talleres y actividades, asistiendo a fiestas con otras personas de su edad, realizando viajes, y reorganizar las reuniones familiares para alcanzar el equilibrio de responsabilidades y alegrarse de la llegada de las fiestas navideñas antes de acabar detestándolas.

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