lunes, 22 de mayo de 2017

Sexo a cualquier edad


Hace unos años, después de ofrecer una charla sobre sexualidad en uno de los congresos al que fui invitada como conferenciante, se me acercaron dos mujeres con uno de mis libros publicados para que lo firmara. Aprovecharon la ocasión para preguntarme por qué mi obra recogía tan pocos testimonios de personas mayores, si se trataba de un síntoma de pérdida de interés por el sexo. Les dije que no, que, en realidad, la escasez de testimonios de personas de edad avanzada sólo se debía a que eran pocas las que conseguían expresarse por escrito en esas generaciones, y mucho menos ante un ordenador personal.

Me explicaron que trabajaban en una residencia para personas mayores y que se habían percatado de que los entrañables abuelos y abuelas aprovechaban la calma nocturna para colarse en las habitaciones de sus compañeros, con quienes habían ligado durante el día. Me encantó saber de esas correrías nocturnas, y me pregunté qué dirían de ellos los nietos adolescentes, esos estudiantes que tienen en vilo a los profesores durante los viajes...

Unos meses después, acudí al programa de televisión de TV3 Banda ampla, que aquella noche trataría de ‘Las edades del sexo’ y en el que muchas de las parejas ya mayores se quejaban de que, cuando al fin disponían de tiempo, de espacio sin hijos y habían perdido el temor a los embarazos, los hijos les pedían que cuidaran de los nietos, por lo cual perdían de nuevo la intimidad. 



Que nuestra sociedad utilice expresiones como «viejo verde» demuestra que todavía quedan tabúes por romper, y que la sexualidad en ese periodo que llamamos «tercera edad» es uno de los que se mantiene en pie con mayor firmeza, como si al jubilarse del trabajo, uno tuviera que retirarse, también, de la vida.

El sexo es un ejercicio cardiovascular que reduce el colesterol y oxigena el tejido y los órganos vitales, refuerza nuestro sistema inmunológico y eleva nuestra estima. Un ejercicio que no tenemos por qué abandonar cuando nos hacemos mayores.

Para continuar disfrutando de la sexualidad sin que los achaques de la edad interfieran en la satisfacción y el placer, es recomendable reforzar los músculos que intervienen en tan gozosa actividad. En las mujeres evitaría problemas como la pérdida de orina, y para los hombres es una buena gimnasia que ayuda a controlar la eyaculación. No esperes a hacerte mayor para comenzar a cuidarte, y recuerda siempre que las relaciones sexuales no deben limitarse a las estrechas fronteras del coito. Un hombre de 71 años, que a causa de la diabetes no siempre podía tener una erección, se olvidó de la penetración y comenzó a masturbar a su esposa. Fue entonces cuando ella disfrutó plenamente del sexo.



Fortalecer el PC masculino


Como explico en el libro para parejas Sedúceme otra vez, los terapeutas proponen este ejercicio a los hombres para mantener en forma los músculos que intervienen en la erección: al inhalar, contrae el músculo PC como si detuvieras el flujo de la orina. Sostén la respiración y la contracción contando hasta tres, luego haz una extra contracción fuerte. Ahora, al mismo tiempo, relaja el músculo y la respiración.
Repite el proceso, al menos, 20 veces en la primera sesión. Puedes practicar el ejercicio mientras estás sentado, de pie, caminando o descansando. Aumenta cada día el número de repeticiones. Puedes comprometerte a realizarlo de camino al trabajo y también durante el regreso.


Ejercicios del PC para ella


Puedes combinar los clásicos Kegel (consisten en contraer el músculo pubococcígeo y luego relajarlo) con la respiración. La profesora de yoga Laura Herrojo sugiere que lo hagas tumbada de espaldas con los pies apoyados sobre la alfombra. Imagina que contraes las paredes de tu vagina al inspirar como si fuera un ascensor que asciende y se para en tres pisos. Inspiras y contraes, paras, exhalas sosteniendo esa contracción, vuelves a inspirar y a contraer para subir otra planta, espiras otra vez sin soltar la musculatura para alcanzar el tercer piso. Al relajar la musculatura tampoco lo haces de una vez, sino que bajas las plantas de una en una con el mismo ejercicio respiratorio.
Procura realizar estos ejercicios cada día durante diez minutos.

Existen muchos modelos de bolas chinas. Asesórate y elige el más adecuado para ti.


¿Has probado las bolas chinas?


«Yo compré unas y las probé una vez, pero ni me enteré de que las llevaba puestas», explica una treintañera. ¿Cómo las probaste, te quedaste sentada? ¡Por supuesto que no las notas! Para que las bolas chinas —también llamadas de geisha, Ben Wa o asiáticas— tengan algún tipo de efecto, hay que moverse: caminar, correr, llevártelas puestas al gimnasio, practicar pilates o cualquier tipo de ejercicio. Y si no las notas, es que tienes bien fortalecido tu suelo pélvico.
Como escribe la sexóloga Eva Moreno en su obra Mujeres, juguetes y confidencias (publicado por Planeta): «No, no vas a llegar al orgasmo con las bolas. Sería muy difícil, aunque no imposible... Digamos que te tomarás de otro modo la espera en la cola de la pescadería, o si vas al trabajo cuando sabes que tienes a primera hora una de esas soporíferas reuniones que monta el jefe para que le riáis sus chistes malos, tendrás algo más de lo que reírte, como si establecieras un juego cómplice contigo misma. Tú estás ahí, con tus bolas puestas, y nadie más lo sabe, y tampoco saben por qué te ríes con ganas».
Actualmente se está recomendando el uso de las bolas para fortalecer el músculo pubococcígeo (PC) y prevenir la incontinencia urinaria, al igual que hacen los ejercicios Kegel. Por cierto, ¡si los practicas con las bolas puestas su efecto es más intenso!
Los músculos PC son fundamentales para sentir placer sexual, por eso hay que mantenerlos en forma. Con el uso de las bolas te notas más sensible: prueba a tener sexo con tu pareja en cuanto te las quites. Puedes tenerlas puestas durante los preliminares y que sea él quien tire del cordoncito. Verás que estás hiperlubricada y a veces el acto de sacarlas suena como si descorcharan una botella de cava. ¿No tiene su gracia?


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jueves, 11 de mayo de 2017

¿Eres madre trabajadora y te sientes culpable?

Este artículo, publicado en el Magazine del diario La Vanguardia, fue el germen de mi primer libro: Soy madre, trabajo y me siento culpable. Bastó con colocar en las librerías un título con el que miles de mujeres se identificaban para convertirse de inmediato en un bestseller. Años después, continuamos con una lucha social, política y personal para alcanzar la conciliación de la vida laboral y familiar. Sin conciliación no es posible la igualdad de oportunidades. Pero también necesitamos recursos psicológicos que nos permitan calmar los miedos y los sentimientos de culpa. Por ello me decido a revisar esta obra y a ponerla a disposición de nuevas lectoras en edición electrónica que podéis conseguir aquí.


De vuelta a casa, tras ocho horas de rutina y tensión. A los cinco minutos de su llegada el niño empieza a berrear, desprecia el detallito que le trae y se niega a terminar la cena. «Pues ha pasado el día estupendamente», dice la canguro. Pero, si es la abuela quien lo cuida, prepara el misil y apunta donde más duele: «Te está castigando por no dedicarle más tiempo». En más de cien años de lucha, los movimientos feministas no han podido vencer aún el complejo de culpa que padece la madre trabajadora.
En la década de los 50 la sociedad americana comenzó a aceptar la entrada de la mujer en el mercado laboral y el reparto de las tareas domésticas entre los cónyuges. Había que inventarse algo para encerrar a la mujer en casita de nuevo, así que la psicología creó una imagen idealizada de la madre que a finales de nuestro siglo aún perdura. Así lo explica la socióloga Inés Alberdi en su obra La nueva familia española: «Tu hijo [del doctor Spock] se convierte en el libro de cabecera de generaciones de mujeres que van a sublimar en la maternidad sus fuerzas o energías potenciales para hacer otras cosas».
«Existe en el consciente colectivo de la sociedad el mito del instinto maternal como condición sine qua non para que una mujer se sienta completa. Esto hace que la madre se sienta muy culpable de cualquier trastorno psíquico que el niño muestre», explica Gemma Salamanca, presidenta de la Comisión de Psicología de la Mujer (Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña). El sentimiento de culpa comienza cuando finaliza el periodo de baja maternal y tiene sus momentos cumbre cuando el niño enferma y queda al cuidado de otra persona.

Fotografía de Pavel Prokopchik

¿Y qué pasa con el padre?

Desde los años 80 algunas campañas publicitarias ofrecen una imagen del padre protector muy diferente al de generaciones anteriores: sube al autobús con su bebé, lo llena de caricias y arrumacos, le da el biberón y cambia los pañales. La posibilidad de que sea el hombre quien pida la baja paternal es un reflejo del cambio producido en las parejas jóvenes y de las nuevas necesidades sociales.
Sin embargo, son las madres las primeras en considerar que el hombre es incapaz de cuidar al niño con el mismo esmero que ellas, especialmente en sus primeros años de vida. «Las noches en las que mi hijo enfermaba lo traía a mi cama y mi marido dormía en la del niño. Creía que él no podía controlar la fiebre del crío como yo lo hacía», así lo recuerda Cecilia, madre, profesora, presidenta de una ONG y separada. «Hace poco reñí a mi hijo por pasarse demasiadas horas delante de la tele; me dijo que no lo haría si yo pasara más tiempo con él en lugar de trabajar tanto».
El doctor Wayne W. Dyer, autor de Tus zonas erróneas, definía nuestra cultura como «productora de culpa». El ser humano experimenta este sentimiento desde la más tierna infancia y aprende a utilizarlo para manipular a los mayores. «Una conducta muy habitual es la de la provocación», añade Gemma Salamanca, «un niño puede percibir rápidamente ese sentimiento de culpa en su madre y provocarla cuando esta vuelve del trabajo, por ejemplo, con actitudes de desprecio hacia ella y manifestando una preferencia afectiva por la persona encargada de su cuidado cuando la madre no está».
La búsqueda de un espacio íntimo para la pareja también es importante en la salud psíquica de toda la familia. «Si los niños ven desde el principio que sus padres salen solos o con sus amigos adultos lo admitirán con naturalidad. El bienestar de la pareja repercutirá positivamente en el desarrollo de los pequeños», concluye Salamanca.
Es verdad que se han producido muchos cambios y que las leyes protegen cada vez más a las mujeres, pero, como dice Alberdi, la presión social «todavía amenaza la seguridad psicológica de las madres, pues la idea de abandono está siempre potencialmente presente y se utiliza para explicar cualquier problema o rasgo difícil del niño que aparezca en el futuro».

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miércoles, 10 de mayo de 2017

La fiesta del libro

Aunque han pasado unos días, dejo constancia de mi participación en la fiesta del libro celebrada este año en Santa Coloma de Gramenet. Por primera vez, los que nos dedicamos a las letras en la ciudad hemos tenido un stand desde el que poder hablar con nuestros lectores y firmar nuestras obras. Al final del día fuimos recibidos en el ayuntamiento por la alcaldesa, Núria Parlon y la concejala de cultura, Petry Jiménez.
Hacía tiempo que no vivía una fiesta de Sant Jordi como esta, en el papel de autora. Es lo que tiene haber empleado más de tres años en escribir la novela. Ha sido una jornada feliz. Gracias a todos los que os acercasteis a saludarme y a comprar ALAS NEGRAS Y CHOCOLATE AMARGO, o cualquier otro título.


jueves, 16 de febrero de 2017

Después de la ruptura



Hace unas semanas publiqué un artículo en este blog sobre ese momento en que, como un mazazo, te enteras de que tu ex ha comenzado una relación con otra persona y la avalancha de emociones a la que tienes que plantar cara.
Incluso en el caso de que fueses tú quien tomara la decisión de romper, el descubrimiento puede genera una mezcla de tristeza, dolor y rabia. Sin querer alargar mucho lo ya publicado, aquí dejo unas cuantas claves para recomponerte después de la ruptura amorosa, mirar hacia adelante y construir el futuro:
 

➤ Sólo tienes el aquí y ahora. Disfruta del presente.
➤ No metas tu autoestima en un ascensor cuyos botones maneja tu ex. Es él quien no sabía valorarte como te mereces.
➤ No te compares con nadie, y mucho menos con ella.
➤ Descúbrete: averigua cuáles han sido tus auténticos deseos. Puede hayas dejado aparcadas tus ilusiones para asumir las de tu ex pareja como propias.
➤ No vuelvas a renunciar a tu individualidad. Conserva tu espacio, a pesar de tropezar con el hombre esperado. Ni se te ocurra iniciar una relación para no estar sola.
➤ Recuerda cuando te enamores de nuevo, que el amor no sólo es entrega, sino que también se trata de recibir.
➤ No permitas que una mala experiencia te predisponga contra el amor.


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domingo, 12 de febrero de 2017

A por un San Valentín erótico


Con motivo de la celebración del día de San Valentín, rescato este artículo que recoge algunas sugerencias para renovar la pasión. Fue publicado en la revista Woman.

Bombones, corazones, ramos de rosas… San Valentín vuelve a la carga con sus toneladas de almíbar. Unas notas de romanticismo una vez al año no vienen mal, especialmente si cae un diamante, pero no sólo de amor edulcorado vivimos las mujeres, ni tampoco nuestras relaciones. Lo que más nos apena y nos asusta es el momento en que notamos que la chispa erótica comienza a desaparecer. Por eso te proponemos unas cuantas ideas subidas de tono para avivar la llama o mantener la atracción física que os ha unido hasta la fecha. Y que conste: hay muchos momentos a lo largo del año para sorprender al otro con una de estas libidinosas recetas.

Inocentes trasgresiones
Sorprende a tu chico en la cena con un vestido o falda, medias —nunca pantys— y  olvida ponerte tu prenda más íntima: las braguitas. Mantén el secreto hasta el segundo plato y, como quien no quiere la cosa, toma la mano de él hasta tu muslo, invitándole a continuar el recorrido, o desliza tu pie en su pantalón. Disfrutarás tanto del morbo como de su cara de asombro. Es probable que se olvide de los postres, que te pida que le acompañes al lavabo o que en el coche su mano no se dirija sólo al cambio de marchas. En caso de cena hogareña, ten por seguro que la cocina se queda sin recoger. Si te pone su urgencia, alarga la situación tanto como tu propia libido te permita. No temas, él disfrutará del “regalo” sin cuestionarte nada, la sorpresa y el riesgo son grandes aliados del deseo.

Un poco de teatro
Si vais a disfrutar de una celebración íntima y privada, los juegos de rol con los que muchas fantaseamos, dan espléndidos y divertidos resultados. Puedes ser la concubina de tu sultán, la lolita con el profesor, la paciente con el médico, una alta ejecutiva con el subalterno o la dueña de tu esclavo. Depende de los gustos, las preferencias y las apetencias del día. Los adultos nos hemos olvidado de la importancia de los juegos y en este intervienen todos los ingredientes para que resulte divertido, meterse en la piel de unos personajes y actuar según exige el guión saca a flote múltiples facetas de ti misma y del otro.  Una regla infranqueable: que gocéis ambos.



Jugar en el agua
Las mujeres deseamos hombres limpios. La nariz femenina es dos mil veces más sensible que la masculina, y los estímulos olfativos despiertan el deseo de comernos entero un cuerpo apetitoso. Diversos estudios de bioquímica y psicología ponen en evidencia la estrecha relación que existe entre el olor corporal y nuestra sexualidad: las famosas feromonas.
Si disfrutas con los preliminares, comparte con él un baño de esencias espumosas, crea un clima cálido con unas velas, música de fondo, y un refresco o copa de vino. Despertarás todos los sentidos: olfato, oído, gusto, vista y tacto.
También la ducha descarga las tensiones del día y en ella puedes alargar los juegos cuanto desees. Dirige el chorro de agua hacia vuestros genitales, y cambia la presión y temperatura para conseguir nuevos estímulos. En la penetración es preferible pisar tierra firme. El acto en sí no resulta demasiado excitante, porque el agua empapa tu vagina y te deja sin lubricación. Además, hay riesgo de infecciones e irritaciones. Por no hablar de lo difícil que es usar un preservativo en el medio acuático.
Una habitación con jacuzzi es un marco ideal para dar rienda suelta al erotismo. Si la economía os lo permite, en un hotel cambiaréis de escenario y disfrutaréis con el cosquilleo de los chorros de agua en vuestras zonas erógenas.

Dos desconocidos
Una variante de los juegos de rol que nunca falla: planead un encuentro en un bar o cafetería como si fuerais dos desconocidos. Él o tú desplegará todas sus armas de seducción para ligarse al otro. Esta situación debe mantenerse hasta el final y culminar vuestra pasión en un hotel o pensión, porque “no tenéis casa”.  Los más transgresores juegan a seducir a desconocidos hasta que aparece la pareja real, que contempla toda la escena a una prudente distancia, y ahí se termina la supuesta infidelidad. Hay quien lleva la ficción casi hasta el final en locales liberales. Estas opciones, más arriesgadas, dependen de la osadía de los participantes y, lo más importante, del pacto que la pareja establece cuando planea la acción y que, bajo ningún concepto, debe romperse.

Un cambio de escenario siempre ayuda a romper con la rutina


Graba tus instrucciones
Deja en el buzón de tu chico —si no vivís juntos—, en el cajón de su ropa interior o en su maletín de trabajo dos sobres que contengan dos cintas de audio, de video o dos escritos en papel. En el número uno se encuentran la dirección a donde él debe dirigirse, el día y la hora (el misterio y el suspense son fundamentales en este juego) y una llave —si se va a desarrollar en un hotel, el número de habitación por el que deberá peguntar en recepción—. La otra cinta o papel contiene las instrucciones de su comportamiento una vez juntos: cómo desnudarte, acariciarte, lamerte... y aquellas fantasías que quieras compartir con él. Si tu novio es paciente no abrirá el segundo sobre hasta que llegue al lugar de destino (así lo has especificado tú en el primero), pero lo más probable es que no haya podido resistirse y ya vaya al encuentro con toda la carga erótica de lo que se va a encontrar. Será una sesión explosiva, de las que no olvidaréis.

Anticipos eróticos
No hay mejor incentivo sensual que anticipar lo que puede pasar y recrear la escena mentalmente. Si te gusta escribir, relata una de las fantasías sexuales que te gustaría realizar con tu pareja y envíasela por e-mail, carta o nota antes del encuentro. Cuanto más detalladas sean tus explicaciones, más morbo generarás en tu chico y la expectativa será suficiente para encender la pasión. Lo mismo vale para establecer una línea caliente telefónica, muy privada, que puede originarse en el lugar de trabajo o en el buzón de voz. Prueba también con decírselo al oído en un local público.

Velada de cine porno
Si alguna vez has pensado en ver con él una peli porno y aún no ha habido ocasión, San Valentín te proporciona la coartada perfecta. Si no quieres sorpresas, porque el porno gonzo o ciertas temáticas no te excitan, apuesta sobre seguro con dos cintas dirigidas por una ex actriz porno española,  Bibian Norai. Sus dos filmes, Mis ocultas fantasías y Mis perversiones, los distribuye en España Elephant Channel. Y ya puesta en plan sociológico descubre si el porno hecho por mujeres conecta con tus apetencias más íntimas con la película de Sandra Uve, 616 DF. El diablo español versus las luchadoras del Este (International Film Group), o con las películas de Erika Lust.



Conviértete en pornostar casera
Sandra, de 25 años, casada desde hace uno, relata su experiencia con la cámara de video: «De vez en cuando nos grabamos en vídeo durante el acto, es excitante porque da la sensación de que hay alguien mirándote, después vemos la cinta y la comentamos, creo que todo es poco para mejorar la comunicación sexual con tu pareja». Dos pequeñas objeciones que quizás no vayan contigo: no apto para esclavas de la imagen, en lugar de disfrutar del espectáculo sólo estaréis pendientes de los michelines y la celulitis, y si crees que algún día puedes ser famosa, o princesa. Si la grabación se cotizara en el mercadeo de vidas privadas ¿pondrías la mano en el fuego por la honestidad de tu actual amante? Ya sabes, «poderoso caballero es don dinero».

Estriptís
El socorrido número del desnudo sigue funcionando. Puedes hacer que parezca improvisado o vestirte para la ocasión. La ropa con flecos largos y finos, con buena caída, permite que tus movimientos sean más glamurosos, aunque el baile no sea tu fuerte. Crea una atmósfera de luz tenue, elige “tu canción” (el tema de Joe Cocker You can leave your hat on, con el que Kim Basinger encandiló a medio mundo en Nueve semanas y media es ya un clásico. Sólo escucharla una ya se desprende de la ropa) y “acción”. Una alternativa es grabarlo en video y disfrutar juntos del pase, así estás más suelta sin su presencia y puedes repetir las tomas.
 «Yo solo lo he hecho una vez», cuenta una veinteañera, «y me fue muy útil utilizar una linterna con la que enfocar lo que me interesaba. Pasé una mano por mi rostro, bajando hacia el cuello, y toqué mis senos con ambas manos, por los lados, juntándolas después para alcanzar mi cintura, caderas y piernas, y luego continuaba acariciándome en sentido contrario, hacia arriba. Al final, no me quité la ropa interior, dejé que lo hiciera él».



Hay un sinfín de ideas y alternativas: usar lencería sexy (desde inocentes ligas de puntillas blancas hasta trajes de vinilo estratégicamente agujereados), una cena afrodisíaca (más efectiva si uno de vosotros es el “plato” sobre el que se coloca la comida y el otro procede a degustar), un polvo sobre la lavadora en marcha (genial con el programa  de centrifugado), masajes sensuales que desembocan en pura lasciviay que pueden llevarte al orgasmo (no necesariamente en la cama), puesta en escena en la onda sadomasoquista, si te va el tema y en el grado que te apetezca (esposada y esposarle al cabecero de la cama, ojos vendados, cera caliente sobre el cuerpo, un látigo o una fusta...), hacerlo en sitios públicos (el riesgo del lugar y hasta dónde queráis llegar ya lo pactaréis)...
En definitiva, innovar y poner en marcha la imaginación para no caer en la rutina sexual que destruye tantísimas relaciones. Los juegos y las situaciones morbosas permiten gozar de la sexualidad y convertirla en algo lúdico. Y si el sentido del humor es fundamental en la vida, en el sexo es ineludible. Porque no nos engañemos, ni tú eres Kim Basinger, ni él Brad Pitt, ni tenéis un master de Educación Física que os permite adoptar esas posturas imposibles, y ni falta que os hace. Quitarle trascendencia a la sexualidad y a los errores, propios y ajenos, evita traumas, preocupaciones y proporciona un motivo de risas para recordarlo toda la vida. ¡Que lo disfrutéis!


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