jueves, 22 de junio de 2017

Romance, sexo y un cálido verano


El calor nos perturba, la luz solar estimula el deseo y las horas que dedicamos al ocio reducen el estrés y nos animan a hacer nuevas amistades. Unos viven el verano con la ilusión de encontrar un amor, otros solo quieren aprovechar el momento.


Comenzamos a desprendernos de la ropa que nos abriga y los ojos se desvían, aunque no les hayamos dado permiso, hacia escotes al aire, piernas en pantaloncitos cortos, brazos fornidos y, como hay gustos para todo, hacia el vello oscuro y ensortijado que asoma entre el tejido de la camisa desabrochada de algún pecho-lobo.
Ha llegado el verano y con él las ganas de salir a la calle, de ocupar las terrazas en compañía de los amigos y una cerveza, de escuchar conciertos al aire libre, de alargar las horas de ocio hasta la madrugada aunque aún no estemos de vacaciones. En definitiva, nos volvemos más sociables, con lo que aumentan las posibilidades de iniciar relaciones o de disfrutar del sexo ocasional. De hecho, en estas fechas se incrementa el uso de preservativos, sobre todo entre personas sin pareja estable. Además casi todos nos lanzamos a la operación biquini, la de quitarnos los quilitos que nos sobran, apuntarnos al gimnasio, someternos a tratamientos corporales que vuelva más tersa la piel… Queremos gustar, atraer las miradas.
A esta actitud social se asocian personajes como el que se queda «de rodríguez» y ve el terreno libre para seducir a la turista, a la secretaria o a la vecina. ¿Quién no recuerda La tentación vive arriba y a Marilyn Monroe guardando su ropa interior en el frigorífico para aliviarse del calor de agosto? También muchas mujeres aprovechan la oportunidad para echar una cana al aire cuando el encuentro se produce en el extranjero. Algunas de ellas entienden estas aventuras como «infidelidades de las que no cuentan», porque al suceder en otro país no tiene por qué afectar al vínculo con la pareja.

Durante el periodo vacacional muchos se atreven a experimentar en las relaciones sociales, a desempeñar otros papeles y deshacerse de la timidez si saben que esas personas volverán a su ciudad, que no se verán afectados por las críticas y juicios de los vecinos, y que pueden actuar con menos temor a equivocarse y perder una relación de larga duración.

Expuestos al sol

Además de broncear la piel, la luz solar tiene efectos sobre el metabolismo humano que explicarían, en parte, que estemos más receptivos a los estímulos eróticos y al comportamiento apasionado. El sol es un afrodisíaco natural, a la luz responde la testosterona, hormona masculina que también se encuentra en el organismo femenino, y que interviene en el despertar del deseo sexual. Tras unos meses luciendo palmito en terrazas, playas, camping o paseos marítimos, la testosterona alcanza sus niveles más altos hacia el final del verano.
Junto a la alimentación adecuada y el ejercicio físico, la luz también favorece la segregación de hormonas relacionadas con el placer, puesto que son antidepresivos naturales: la serotonina y la endorfina. Otra hormona relacionada, sobre todo, con la atracción física, es la feromona. Es una sustancia que emitimos y que capta el olfato, aunque no huele, y que segregamos con más intensidad en los meses estivales a modo de llamada o reclamo. Ojo: para segregar feromonas no es necesario sudar más de la cuenta, ni mucho menos dejar que el olor corporal sea desagradable.
Además, el calor acelera el fluido sanguíneo, la piel gana en sensibilidad. Aunque también dificulta la irrigación de los músculos y el sistema nervioso central, lo que explica que medio país se deje vencer por la costumbre de la siesta. ¡A ver quién encuentra el impulso sexual a más de cuarenta grados! Cuidado, pues, con las comidas copiosas que restan más energías aun.


Carpe diem

La visita a otra parte del planeta, puede suponer la realización de alguna fantasía con personas de otras razas, otro color de piel, otro acento… Gracias a un cambio de ambiente o de lugar algunos tímidos se atreven a comportarse de forma más desinhibida. No les conocen y pierden el miedo a que juzguen su conducta. Es muy corriente, aunque se viaje con la ilusión de conocer a alguien que nos atraiga, que no se nos ocurra meter un paquete de preservativos en la maleta, y luego, cuando aparece la ocasión de ligar, no se quiere perder. Los turistas pueden ser un grupo de riesgo.
Los adolescentes descubren los primeros sentimientos, las primeras caricias, los primeros besos, y casi siempre el dolor de la primera y amarga despedida. Y hay quien de todo eso no le queda más que un borroso recuerdo o la amnesia temporal por haber salido del botellón al borde del coma etílico. Además de alterar el pensamiento y la coordinación de movimientos, el consumo masivo de alcohol dificulta la erección y la lubricación vaginal.
Muchos jóvenes eligen la playa para mantener su primera relación sexual. Un paisaje idílico, quizá, pero incómodo por los roces de la arena y el efecto secante que tiene el agua en la zona genital.
Volviendo a los romances estivales, aunque se haya combatido la deshidratación con bebidas no alcohólicas, la necesidad de vivir el momento se intensifica. Tras quedar deslumbrados, las cortas vacaciones no dejan tiempo para la rutina, la pasión es extrema, la entrega total, y lo que tendría que plantearse como un ligue sin otro objetivo que disfrutar de la compañía, se siente como algo más profundo y duradero. Aunque ese error no es propio, solo, de gente joven: «Hacía poco que me había separado del padre de mi hijo cuando tuve ese rollo en el mes de junio. Le advertí que no estaba para enamoramientos, y fui yo la que me enganché. En cambio, para él fue solo una historia más», reconoce una mujer de 32 años.
Muchos singles —los que no tienen pareja— esperan encontrar durante estos meses al hombre o la mujer de su vida. ¿Qué hacer para no confundirse y evitar la diferencia de expectativas ante el affaire? «Es mejor prevenir que sufrir», responde Montserrat Ribot, psicóloga y coach. «Es bueno estar abierto a conocer a gente, pero esa persona puede convertirse en un nuevo amigo, sin más. Hay que ir despacio y descubrir en las conversaciones si busca lo mismo que tú. Si no hay más que una atracción sexual y estamos seguros de que puede controlarse, que uno no se va a involucrar emocionalmente más que el otro, ningún problema. De lo contrario, el coste de aprovechar la oportunidad puede ser muy alto».
Cuando la ilusión de disfrutar de las vacaciones en compañía amorosa se trunca, los que regresan con esa frustración buscan otras vías para topar con el amor de su vida, como las agencias matrimoniales, que ven crecer la demanda de sus servicios en septiembre y después de navidades, según informa M. Carme Banús, directora de Samsara.


Demasiadas vacaciones

Aunque aparentemente toda la población las esperan con ansiedad, para algunos las vacaciones estivales y las de cualquier otra fecha resultan excesivamente largas: los adictos al trabajo y los que tienen conflictos conyugales. A veces una misma persona sufre ambas problemáticas. De hecho, una adicción al curro puede esconder, quizá de modo inconsciente, una estratagema para huir del hogar familiar.
Las parejas estables se enfrentan a pasar más horas juntos, con los consecuentes roces que pueden producirse cuando el carácter se irrita por efecto del calor. Si, además, se aprovechan las vacaciones para visitar a la familia, como en los casos en que el padre o la madre vive lejos, hay que adaptarse a las costumbres ajenas, compartir habitaciones o dormir demasiado cerca de los demás. Se pierde intimidad, surge el miedo a que escuchen los ruidos del somier y los horarios de sueño se trastornan. Los días que deberían ser de descanso se convierten en un suplicio, la frecuencia de actividad sexual se reduce, y a menudo se suple por la bebida y la fiesta. A todo ello hay que sumar el estrés que pueden provocar los niños, propios o ajenos, en parejas que no están acostumbrados a ellos o que entienden la educación de distinto modo.
Septiembre es uno de los meses con mayores índices de rupturas y también aumentan las visitas de terapia sexual y de pareja.
¿Cómo evitar conflictos? Francisca Molero, directora del Institut de Sexologia de Barcelona, ofrece algunos consejos: «Hay que arreglar los problemas antes de salir de vacaciones y empezarlas sin reproches, con saldo cero. Si hay niños o se va a pasar parte de esos días con la familia, la pareja tiene que procurar regalarse, como mínimo, una semana para ellos solos, un tiempo para compartir, hablar, pasear y mantener relaciones sexuales. Es una manera de reencontrarse, de recordar porqué motivo están juntos, en definitiva, de reenamorarse. También han de afrontar las vacaciones con la actitud de disfrutarlas a pesar de los contratiempos, echar mano del sentido del humor para relativizar y tolerar los roces cotidianos».

Cuando se hace una ruta turística con la intención de ver todo cuanto sea posible en corto tiempo, la pareja suele llegar demasiado cansada al hotel, aunque sea de cinco estrellas y con jacuzzi en la habitación. «Pero también hay vacaciones que se disfrutan sexualmente al máximo», recuerda la doctora Molero. «Las parejas estables también suele aumentar la actividad sexual porque dedican más tiempo al ocio y duermen menos. Cuando se llevan bien, son vacaciones en las que perciben el erotismo, el placer, aprovechan cada instante que pasan juntos y la vida sexual se reactiva a pesar del autocar, el cansancio y la pesadez de la mochila».
En estos días más largos, nada mejor que recuperar ese tiempo perdido durante el oscuro invierno e invertirlo en fortalecer la vinculación erótica y amorosa con la pareja.

martes, 6 de junio de 2017

Papá también existe


Así lo contaba una de mis colegas:

«"Si vuestra pareja va a estar estorbando durante la baja paternal, más vale que se vaya a trabajar". Este es el indignante comentario salido de la boca de una matrona durante la clase de educación maternal de hoy. Y se ha quedado tan ancha mientras la mayoría de las futuras mamás le reían la gracia. Yo no. A mí no me ha parecido que dar por sentado que un hombre es un inútil como padre por defecto tuviera nada de chistoso Es más, lo he encontrado injusto, sexista y tremendamente ofensivo. Lo he dicho y lo repetiré hasta la extenuación: el embarazo, el parto y la crianza es cosa de dos. Los papás no son niñeras, ni "ayudan" a las mamás, ni son los recaderos o las señoras de la limpieza del hogar mientras dura la baja. Los papás tienen el mismo derecho a estar. Tienen instinto. Y saben cuidar de sus hijos. Pueden. Deben. Aunque no paran o den el pecho. Así que, a ver si empezamos a educarnos un poquito más y dejamos de verlos como actores secundarios, porque no».

No es un comentario de hace treinta años, ni de diez. Lo escribió la semana pasada en su perfil de Facebook.

El poeta estadounidense Robert Bly, que desde hace dos décadas se ha convertido en la inspiración de los «grupos de hombres» que buscan una nueva masculinidad, considera que la ausencia del padre ha generado en el hombre este sentimiento de pérdida de su propia identidad: «Con el trabajo y la “revolución informática” se empezó a desintegrar el lazo entre padres e hijos. Si el padre sólo pasa en el hogar un par de horas cada tarde, los valores de la mujer, maravillosos como son, serán los únicos valores domésticos. Se podría decir que hoy por hoy el padre pierde a su hijo a los cinco minutos de su nacimiento».
Para la psicóloga Gemma Salamanca «el acercamiento del padre al hijo es positivo para ambos: el hijo necesita de la presencia del padre, pero este también descubrirá cosas de la relación con su hijo que desconocía y una parte de sí mismo que permanecía escondida».


Quedan pocos días para la llegada de las vacaciones escolares, y, señores que se refugian en sus cuevas, hagan el favor de salir que se necesitan refuerzos.
El hombre que asume su paternidad consigue que todos los miembros de la familia salgan ganando. ¿Cómo? Así lo indican los terapeutas familiares:
➤ Libera a la madre del peso que conlleva la crianza de un hijo bajo su absoluta responsabilidad y puede disponer de tiempo para no abandonar sus ambiciones profesionales.
➤ El vínculo exclusivo madre-hijo se rompe con la integración del padre en el núcleo familiar.
➤ Si la madre renunció al trabajo para dedicarse a la crianza (o la invitaron a marcharse con una bonita carta de despido), el padre conecta al hijo con el mundo exterior y permite que el pequeño no tenga miedo de lo que existe «más allá de su hogar».
➤ El padre descubre que su vida profesional no es lo único que lo define como varón, que existen otras facetas en su vida, fundamentales para mantener su equilibrio emocional.
➤ La niña que mantiene una estrecha relación con su progenitor no temerá al sexo opuesto cuando alcance la edad adolescente. El afecto que recibe de un padre protector garantizará una exitosa vida sentimental en su futuro. (Por cierto, que sobre este asunto estoy preparando otro post).
➤ El niño varón que tiene un padre cercano y accesible se mantiene en contacto con su identidad masculina y no ve a su propio sexo como algo oscuro y extraño.
➤ La relación de pareja no se ve tan afectada por la llegada del bebé. Padre y madre trabajan estrechamente, ambos disfrutan de sus hijos y nadie se siente excluido.
➤ El padre tiene la oportunidad de descubrir que la paternidad es una experiencia gratificante, quizá mucho mayor que su trabajo.
Volveré a publicar sobre los papás que se implican en las tareas de crianza más adelante. Y, ahora, permíteme que te presente este libro sobre las mamás trabajadoras:


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martes, 30 de mayo de 2017

Vacaciones con la familia... de tu pareja


Porque es la única oportunidad que tiene tu pareja de ver a sus padres durante el año. Porque echa de menos ese rincón del mundo en el que nació y vivió su infancia. Porque el presupuesto no da para mucho más, y el alojamiento sale gratis. Porque son las fiestas de su pueblo. Porque vuestros hijos jugarán con sus primos… Son muchos los motivos que animan a planificar unas vacaciones en casa de los parientes. Pero, ¿y si las relaciones con la familia política no suele ser para tirar cohetes? ¿Hasta qué punto vale la pena sacrificarse?
Aunque la suegra es el blanco de muchos cómicos, para la nuera, no suele ser un chiste. Nuestro refranero está repleto de sugerencias para mantener las distancias con la familia, pero los vínculos son fuertes y más de una pareja se ve afectada por conflictos que, a menudo, se llevan a la cama. Y si hay que pasar con ella unos días de nuestras cortas vacaciones, estas pueden convertirse en una olla a presión.

Desde hace décadas, los terapeutas saben que muchos de los conflictos sexuales de una pareja se originan fuera de la alcoba, como los asuntos económicos, los desacuerdos en proyectos vitales, la incompatibilidad de caracteres o... las intromisiones de la familia, fuentes de ansiedad que confluyen en la pérdida de deseo u otras disfunciones. Algunas suegras han acusado a sus nueras de adictas al sexo que abusan de su hijo o acostumbran a entrar en el dormitorio conyugal sin llamar a la puerta cuando pasan unos días en casa de los jóvenes. De verdad, me lo han contado.
Las desavenencias que se gestan entre los consortes a causa de parientes que se inmiscuyen más de la cuenta suelen provocar confusiones, enfados y dolor en uno y otro, conduciendo, incluso, al resentimiento y la hostilidad entre ellos. Las soluciones pasan por un trabajo a realizar que no finaliza en cuestión de días. Y precisamente porque el camino es largo, ya va siendo hora de dar el primer paso, en lugar de negarse a mantener relaciones sexuales para castigar al otro. Una dinámica en la que, lamentablemente, caen muchas parejas.

Invasiones

«Desde que tuve a la niña, a mi suegro, que está jubilado, le da por venir a verla por las mañanas. Entra con la llave de mi piso que les dejamos por si pasaba algo. Igual me pilla en la ducha, con todo por hacer, y encima me critica por desordenada» (Belén, 31 años). Es un ejemplo de la necesidad de poner límites a padres y suegros, del mismo modo que se hace con los niños.
Ya hablé en otra entrada de este blog, sobre los múltiples ardides que utilizan algunas madres para intentar ponerse al mando e inmiscuirse en la vida de la pareja. Maneras de invadir el espacio íntimo y asumir el control.
«Yo tuve que ponerle el freno a mi propia madre, que quería limpiar en mi casa mientras yo estaba en el trabajo», explica Lourdes. «Mi suegra, en cambio, no necesitaba quedarse a solas para registrarme. Veía el correo sobre la mesita y abría nuestros sobres ante nuestras propias narices. Yo creía que la forma en que se comportaban mis suegros cuando éramos novios cambiaría desde el momento en que nos casáramos y tuviéramos nuestra propia casa, y ya ves, ha empeorado».



Así no hay quien se relaje

«Cada vez que vamos a casa de mis suegros, en su pueblo, se empeñan en que durmamos con la puerta del dormitorio abierta. ¡Y él obedece! Me lleva a lugares escondidos de la sierra para hacer el amor. El sexo al aire libre tendría morbo si no fuera por la imposición. Es en vacaciones cuando deberíamos disfrutar más del sexo». El testimonio de Leire, de 32 años, no es un caso aislado.
La aparición de una nuera desafía el poder materno. La suegra se siente intimidada por la independencia del hijo, ese hombre al que podía controlar, el que había mordisqueado sus pezones y ahora lame los de otra.  En muchos casos, el intento de dominar proviene de un miedo inconsciente a perder al hijo o a la hija, a enfrentarse al nido vacío y de una falta de independencia emocional.
Por muy seguras que se sientan de sí mismas, la mayoría de las mujeres actuales necesitan el refuerzo positivo de un novio o marido fuerte que sepa enfrentarse a su madre. De lo contrario, ellas no se sienten respetadas y las tácticas separadoras pueden destrozar la relación. Un hombre que es visto por su mujer como un pelele de la madre puede perder ante ella todo su atractivo erótico.
Septiembre es, junto a enero, uno de los meses en los que se produce un incremento de rupturas de pareja. Si la relación no pasa por su mejor momento, me temo que pasar las vacaciones con la familia no será el mejor de los planes. Todavía estáis a tiempo de cambiar de rumbo o, al menos, de alquilar un alojamiento que os ofrezca más intimidad.

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lunes, 22 de mayo de 2017

Sexo a cualquier edad


Hace unos años, después de ofrecer una charla sobre sexualidad en uno de los congresos al que fui invitada como conferenciante, se me acercaron dos mujeres con uno de mis libros publicados para que lo firmara. Aprovecharon la ocasión para preguntarme por qué mi obra recogía tan pocos testimonios de personas mayores, si se trataba de un síntoma de pérdida de interés por el sexo. Les dije que no, que, en realidad, la escasez de testimonios de personas de edad avanzada sólo se debía a que eran pocas las que conseguían expresarse por escrito en esas generaciones, y mucho menos ante un ordenador personal.
Me explicaron que trabajaban en una residencia para personas mayores y que se habían percatado de que los entrañables abuelos y abuelas aprovechaban la calma nocturna para colarse en las habitaciones de sus compañeros, con quienes habían ligado durante el día. Me encantó saber de esas correrías nocturnas, y me pregunté qué dirían de ellos los nietos adolescentes, esos estudiantes que tienen en vilo a los profesores durante los viajes...
Unos meses después, acudí al programa de televisión de TV3 Banda ampla, que aquella noche trataría de ‘Las edades del sexo’ y en el que muchas de las parejas ya mayores se quejaban de que, cuando al fin disponían de tiempo, de espacio sin hijos y habían perdido el temor a los embarazos, los hijos les pedían que cuidaran de los nietos, por lo cual perdían de nuevo la intimidad.



Que nuestra sociedad utilice expresiones como «viejo verde» demuestra que todavía quedan tabúes por romper, y que la sexualidad en ese periodo que llamamos «tercera edad» es uno de los que se mantiene en pie con mayor firmeza, como si al jubilarse del trabajo, uno tuviera que retirarse, también, de la vida.
El sexo es un ejercicio cardiovascular que reduce el colesterol y oxigena el tejido y los órganos vitales, refuerza nuestro sistema inmunológico y eleva nuestra estima. Un ejercicio que no tenemos por qué abandonar cuando nos hacemos mayores.
Para continuar disfrutando de la sexualidad sin que los achaques de la edad interfieran en la satisfacción y el placer, es recomendable reforzar los músculos que intervienen en tan gozosa actividad. En las mujeres evitaría problemas como la pérdida de orina, y para los hombres es una buena gimnasia que ayuda a controlar la eyaculación. No esperes a hacerte mayor para comenzar a cuidarte, y recuerda siempre que las relaciones sexuales no deben limitarse a las estrechas fronteras del coito. Un hombre de 71 años, que a causa de la diabetes no siempre podía tener una erección, se olvidó de la penetración y comenzó a masturbar a su esposa. Fue entonces cuando ella disfrutó plenamente del sexo.




Fortalecer el PC masculino

Como explico en el libro para parejas Sedúceme otra vez, los terapeutas proponen este ejercicio a los hombres para mantener en forma los músculos que intervienen en la erección: al inhalar, contrae el músculo PC como si detuvieras el flujo de la orina. Sostén la respiración y la contracción contando hasta tres, luego haz una extra contracción fuerte. Ahora, al mismo tiempo, relaja el músculo y la respiración.
Repite el proceso, al menos, 20 veces en la primera sesión. Puedes practicar el ejercicio mientras estás sentado, de pie, caminando o descansando. Aumenta cada día el número de repeticiones. Puedes comprometerte a realizarlo de camino al trabajo y también durante el regreso.

Ejercicios del PC para ella

Puedes combinar los clásicos Kegel (consisten en contraer el músculo pubococcígeo y luego relajarlo) con la respiración. La profesora de yoga Laura Herrojo sugiere que lo hagas tumbada de espaldas con los pies apoyados sobre la alfombra. Imagina que contraes las paredes de tu vagina al inspirar como si fuera un ascensor que asciende y se para en tres pisos. Inspiras y contraes, paras, exhalas sosteniendo esa contracción, vuelves a inspirar y a contraer para subir otra planta, espiras otra vez sin soltar la musculatura para alcanzar el tercer piso. Al relajar la musculatura tampoco lo haces de una vez, sino que bajas las plantas de una en una con el mismo ejercicio respiratorio.
Procura realizar estos ejercicios cada día durante diez minutos.

Existen muchos modelos de bolas chinas. Asesórate y elige el más adecuado para ti.

¿Has probado las bolas chinas?

«Yo compré unas y las probé una vez, pero ni me enteré de que las llevaba puestas», explica una treintañera. ¿Cómo las probaste, te quedaste sentada? ¡Por supuesto que no las notas! Para que las bolas chinas —también llamadas de geisha, Ben Wa o asiáticas— tengan algún tipo de efecto, hay que moverse: caminar, correr, llevártelas puestas al gimnasio, practicar pilates o cualquier tipo de ejercicio. Y si no las notas, es que tienes bien fortalecido tu suelo pélvico.
Como escribe la sexóloga Eva Moreno en su obra Mujeres, juguetes y confidencias (publicado por Planeta): «No, no vas a llegar al orgasmo con las bolas. Sería muy difícil, aunque no imposible... Digamos que te tomarás de otro modo la espera en la cola de la pescadería, o si vas al trabajo cuando sabes que tienes a primera hora una de esas soporíferas reuniones que monta el jefe para que le riáis sus chistes malos, tendrás algo más de lo que reírte, como si establecieras un juego cómplice contigo misma. Tú estás ahí, con tus bolas puestas, y nadie más lo sabe, y tampoco saben por qué te ríes con ganas».
Actualmente se está recomendando el uso de las bolas para fortalecer el músculo pubococcígeo (PC) y prevenir la incontinencia urinaria, al igual que hacen los ejercicios Kegel. Por cierto, ¡si los practicas con las bolas puestas su efecto es más intenso!
Los músculos PC son fundamentales para sentir placer sexual, por eso hay que mantenerlos en forma. Con el uso de las bolas te notas más sensible: prueba a tener sexo con tu pareja en cuanto te las quites. Puedes tenerlas puestas durante los preliminares y que sea él quien tire del cordoncito. Verás que estás hiperlubricada y a veces el acto de sacarlas suena como si descorcharan una botella de cava. ¿No tiene su gracia?


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jueves, 11 de mayo de 2017

¿Eres madre trabajadora y te sientes culpable?

Este artículo, publicado en el Magazine del diario La Vanguardia, fue el germen de mi primer libro: Soy madre, trabajo y me siento culpable. Bastó con colocar en las librerías un título con el que miles de mujeres se identificaban para convertirse de inmediato en un bestseller. Años después, continuamos con una lucha social, política y personal para alcanzar la conciliación de la vida laboral y familiar. Sin conciliación no es posible la igualdad de oportunidades. Pero también necesitamos recursos psicológicos que nos permitan calmar los miedos y los sentimientos de culpa. Por ello me decido a revisar esta obra y a ponerla a disposición de nuevas lectoras en edición electrónica que podéis conseguir aquí.


De vuelta a casa, tras ocho horas de rutina y tensión. A los cinco minutos de su llegada el niño empieza a berrear, desprecia el detallito que le trae y se niega a terminar la cena. «Pues ha pasado el día estupendamente», dice la canguro. Pero, si es la abuela quien lo cuida, prepara el misil y apunta donde más duele: «Te está castigando por no dedicarle más tiempo». En más de cien años de lucha, los movimientos feministas no han podido vencer aún el complejo de culpa que padece la madre trabajadora.
En la década de los 50 la sociedad americana comenzó a aceptar la entrada de la mujer en el mercado laboral y el reparto de las tareas domésticas entre los cónyuges. Había que inventarse algo para encerrar a la mujer en casita de nuevo, así que la psicología creó una imagen idealizada de la madre que a finales de nuestro siglo aún perdura. Así lo explica la socióloga Inés Alberdi en su obra La nueva familia española: «Tu hijo [del doctor Spock] se convierte en el libro de cabecera de generaciones de mujeres que van a sublimar en la maternidad sus fuerzas o energías potenciales para hacer otras cosas».
«Existe en el consciente colectivo de la sociedad el mito del instinto maternal como condición sine qua non para que una mujer se sienta completa. Esto hace que la madre se sienta muy culpable de cualquier trastorno psíquico que el niño muestre», explica Gemma Salamanca, presidenta de la Comisión de Psicología de la Mujer (Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña). El sentimiento de culpa comienza cuando finaliza el periodo de baja maternal y tiene sus momentos cumbre cuando el niño enferma y queda al cuidado de otra persona.

Fotografía de Pavel Prokopchik

¿Y qué pasa con el padre?

Desde los años 80 algunas campañas publicitarias ofrecen una imagen del padre protector muy diferente al de generaciones anteriores: sube al autobús con su bebé, lo llena de caricias y arrumacos, le da el biberón y cambia los pañales. La posibilidad de que sea el hombre quien pida la baja paternal es un reflejo del cambio producido en las parejas jóvenes y de las nuevas necesidades sociales.
Sin embargo, son las madres las primeras en considerar que el hombre es incapaz de cuidar al niño con el mismo esmero que ellas, especialmente en sus primeros años de vida. «Las noches en las que mi hijo enfermaba lo traía a mi cama y mi marido dormía en la del niño. Creía que él no podía controlar la fiebre del crío como yo lo hacía», así lo recuerda Cecilia, madre, profesora, presidenta de una ONG y separada. «Hace poco reñí a mi hijo por pasarse demasiadas horas delante de la tele; me dijo que no lo haría si yo pasara más tiempo con él en lugar de trabajar tanto».
El doctor Wayne W. Dyer, autor de Tus zonas erróneas, definía nuestra cultura como «productora de culpa». El ser humano experimenta este sentimiento desde la más tierna infancia y aprende a utilizarlo para manipular a los mayores. «Una conducta muy habitual es la de la provocación», añade Gemma Salamanca, «un niño puede percibir rápidamente ese sentimiento de culpa en su madre y provocarla cuando esta vuelve del trabajo, por ejemplo, con actitudes de desprecio hacia ella y manifestando una preferencia afectiva por la persona encargada de su cuidado cuando la madre no está».
La búsqueda de un espacio íntimo para la pareja también es importante en la salud psíquica de toda la familia. «Si los niños ven desde el principio que sus padres salen solos o con sus amigos adultos lo admitirán con naturalidad. El bienestar de la pareja repercutirá positivamente en el desarrollo de los pequeños», concluye Salamanca.
Es verdad que se han producido muchos cambios y que las leyes protegen cada vez más a las mujeres, pero, como dice Alberdi, la presión social «todavía amenaza la seguridad psicológica de las madres, pues la idea de abandono está siempre potencialmente presente y se utiliza para explicar cualquier problema o rasgo difícil del niño que aparezca en el futuro».

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miércoles, 10 de mayo de 2017

La fiesta del libro


Aunque han pasado unos días, dejo constancia de mi participación en la fiesta del libro celebrada este año en Santa Coloma de Gramenet. Por primera vez, los que nos dedicamos a las letras en la ciudad hemos tenido un stand desde el que poder hablar con nuestros lectores y firmar nuestras obras. Al final del día fuimos recibidos en el ayuntamiento por la alcaldesa, Núria Parlon y la concejala de cultura, Petry Jiménez.
Hacía tiempo que no vivía una fiesta de Sant Jordi como esta, en el papel de autora. Es lo que tiene haber empleado más de tres años en escribir la novela. Ha sido una jornada feliz. Gracias a todos los que os acercasteis a saludarme y a comprar ALAS NEGRAS Y CHOCOLATE AMARGO, o cualquier otro título.


jueves, 16 de febrero de 2017

Después de la ruptura


Hace unas semanas publiqué un artículo en este blog sobre ese momento en que, como un mazazo, te enteras de que tu ex ha comenzado una relación con otra persona y la avalancha de emociones a la que tienes que plantar cara.
Incluso en el caso de que fueses tú quien tomara la decisión de romper, el descubrimiento puede genera una mezcla de tristeza, dolor y rabia. Sin querer alargar mucho lo ya publicado, aquí dejo unas cuantas claves para recomponerte después de la ruptura amorosa, mirar hacia adelante y construir el futuro:
 

➤ Sólo tienes el aquí y ahora. Disfruta del presente.
➤ No metas tu autoestima en un ascensor cuyos botones maneja tu ex. Es él quien no sabía valorarte como te mereces.
➤ No te compares con nadie, y mucho menos con ella.
➤ Descúbrete: averigua cuáles han sido tus auténticos deseos. Puede hayas dejado aparcadas tus ilusiones para asumir las de tu ex pareja como propias.
➤ No vuelvas a renunciar a tu individualidad. Conserva tu espacio, a pesar de tropezar con el hombre esperado. Ni se te ocurra iniciar una relación para no estar sola.
➤ Recuerda cuando te enamores de nuevo, que el amor no sólo es entrega, sino que también se trata de recibir.
➤ No permitas que una mala experiencia te predisponga contra el amor.


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